Desde aquel primer mordisco que le dimos a la Pecan Pie que Liza Puglia prepara en NOLA, nos cambió la vida para mejor. Y no lo decimos sólo por las muchas veces que volvimos a comprar otra más (y otra), como adictos en pleno sugar rush, sino porque lograron ponernos manos a la obra en casa -en contra de todo raciocinio y de nuestro gusto natural por lo salado- ya que no podíamos pasar ni un minuto más sin volver a probarlas.
Una locura esas tartitas, nos volaron la cabeza!


Medio kilo de camarones preparados de 4 formas diferentes: con aceite y ajo, al vapor, fritos y a la milanesa. Dos albóndigas de carne de cangrejo. Tres filetes de pescado a la milanesa, cubiertos con salsa de camarón. Como si todo esto fuera poco, agreguen dos guarniciones: una bandeja con arroz y otra con papas fritas. A eso se le llama la Sequência de Camarão (secuencia del camarón) y es uno de los platos típicos de Florianópolis que probamos durante nuestro paso por el Restaurante Pescador Lobo, en Praia do Forte.


Dicen que la perfección está en las cosas simples. Y qué mejor para ilustrar esta frase que un buen plato de Moules Frites (los afamados mejillones con papas fritas) como el que se puede probar en Chipper, un pequeño restaurante de pescados y mariscos ubicado en el barrio de Palermo.



Si unos añitos atrás alguien en Buenos Aires se ponía a hablar de hamburguesas, era sólo para hacer referencia a las ofrecidas por las grandes cadenas, como McDonald's o Burguer King. Pero con lo eclécticos que somos los porteños, en la actualidad este concepto ha ido evolucionando al punto de consagrarse en la categoría de “tendencia gastronómica”. ¡Quién lo hubiera dicho!

No nos malinterpreten: disfrutamos MUCHO de nuestros encuentros ocasionales con el Angus Deluxe o con el Whopper Extreme; e incluso con la Baconator de Wendy’s, desde su regreso a la ciudad en el 2012. Pero celebramos con gran emoción la proliferación de todos estos reductos que han decidido revalorizar cada uno de los componentes de la hamburguesa, devolviéndole esa suculencia tan característica de las fotos en las que se las publicita.


La ensalada de pepino es uno de los acompañamientos más populares del estado indio de Maharashtra. Allí se la conoce como kakdi chi koshimbir, se la combina con maní tostado, chile picante y coco rallado, y se la aliña con jugo de limón, sal y azúcar. En algunas ocasiones, se utiliza para templarla un aceite caliente, infusionado con semillas de mostaza. ¿El resultado? Un mix de sabores y texturas, ideal para despertar paladares.


Si algo tienen en común Antonio Soriano y Astor Piazzolla es la audacia. En el caso de Piazzolla, figura emblemática para la historia del tango, su impulso transgresor lo llevó a incorporar elementos característicos del jazz en el ritmo y la armonía propias del tango tradicional, dando paso a lo que él mismo definió como “música contemporánea de Buenos Aires”. En el caso de Soriano, dueño y chef de Astor, su pasión por la gastronomía lo motiva a cocinar platos de corazón porteño, valiéndose para ello de toda la experiencia adquirida durante su paso por Francia; primero estudiando en la École de Cuisine Le Cordon Bleu, y luego trabajando junto a prestigiosos chefs, como Alain Senderens, Dominique Bouchet y Philippe Legendre. Su leitmotiv: Moverse con libertad. Descubrir. Llevar los productos locales siempre un paso más allá, sin dejarse condicionar por los cánones preestablecidos.


Durante los meses que duró mi licencia por maternidad y me quedé en casa en pantuflas cuidando fulltime de mi bebito, decidí invertir una parte de mi inexistente escaso tiempo libre (benditas eran sus largas siestas...) en armar un repertorio de snacks creativos pero sencillos de preparar, que pudieran saciar con creces el hambre voráz que sentía entre comidas, producto de la ansiedad y del puerperio. Así fue como llego a mi vida este tostado increíble, que bien supo ganarse mi cariño en esas tardes de otoño, pañales y pezones doloridos, en las que me devoraba más de uno sin culpas ni miramientos, con las comisuras manchadas de chocolate y la alegría de una nena de 10 años.


Food is a consuming passion in Cajún country, where people live to eat, and not the reverse. It provides gregarious folks a welcome excuse to gather and thus is an important part of the glue that holds the society together.

Queríamos conocer NOLA desde que sabemos de su existencia, pero nos resultaba difícil compatibilizar nuestra dinámica familiar con su ciclo de vida, entre after office y nocturno. Imaginen nuestra felicidad cuando, con motivo de su primer año de vida y al grito de "gordos por todos lados", decidieron extender -por tiempo limitado- su horario habitual, ofreciendo platos típicos de N'awlins y pintas de Bröeders Artesanal desde las 13 hs. Now that's what I call music!


Una de las particularidades de nuestra rutina de viaje es la forma en que los desayunos se desligan de su condición de “una de las cuatro comidas” para transformarse en algo mucho más especial, casi como un lugar en sí mismo. Porque es exactamente ahí donde empieza el disfrute de cada día, mientras llenamos el mapa de la ciudad de turno con círculos y signos de exclamación, ultimando los detalles necesarios para vivir las aventuras que tanto soñamos en los meses previos. Es cuando disponemos de todas nuestras energías al tope y decidimos exactamente en qué cosas vamos a gastarlas, mientras nos dejamos seducir por las notas tostadas de un café recién molido, maridando el momento con alguna joyita de hojaldre crujiente, crema pastelera y almíbar casero, o una buena rodaja de pan con cantidades generosas de manteca y mermelada.

Si bien con el correr del tiempo y de los viajes aprendimos la importancia de que nuestro hospedaje tenga incluido un buen desayuno (Hotel Miss Sophie's en Praga), alguna que otra mañana preferimos arrancar la jornada más temprano de lo habitual y disfrutar de este ritual fuera del hostel, ya sea en un afuera con solcito y vistas maravillosas (Café Rivoire en Florencia), en una pintoresca casa de té de estilo inglés (Greenwoods en Amsterdam), de parados y al paso como buenos gordos que somos (Stadsbakker Jongejans en Amsterdam), o tomándonos todo el tiempo del mundo en una cafetería clásica (Café Sperl en Viena). Hay tantos lugares que queremos compartirles que mejor vamos a ir por partes.


Afuera llovía. Jodido llovía. El ambiente estaba tan húmedo que lo sentías adherirse al cuerpo como una tela. Pero incluso todo pegoteado y vestido de su mejor gris, el día no podía más que sonreirnos: estábamos de vacaciones, teníamos abuelos dispuestos a cuidar del peque y había una mesa para dos esperándonos en La Alacena. Nos tomamos un taxi que, sin necesidad de indicaciones y en menos de 15 minutos, nos dejó justo en la puerta (ahí en la esquina de Gascón y Honduras), para no mojarnos.